miércoles, 12 de enero de 2011

Hasta siempre, D. Carlos


D. Carlos Sebastián

Esta mañana me he desayunado la esquela de un profesor, mi profesor, de hace treinta años. Y me he quedado helado. Sabiendo priorizar como nunca, he resuelto un par de asuntos ineludibles y he acudido al funeral celebrado en la parroquia del colegio y, posteriormente, al entierro.

Sobra lo que pueda decir que recuerdo de él. De hecho, se ha dicho todo en su multitudinaria última misa de cuerpo presente, donde el protagonista era don Carlos, como no podía ser de otra manera. Emotivo adiós hasta forzar la lágrima del más entero.

Así que no voy a decir lo bueno que era por tres motivos. Porque lo era, porque los que lo conocieron lo saben y porque no hace falta.

Prefiero centrarme en la lección recibida hoy. Su última lección, impartida por él a través de los presentes.

El llanto, contenido por unos y expresado por otros, era auténtico hoy. El respeto y silencio de las personas que nos hemos reunido era voluntariamente obligado por cada uno. Y al final, Nieves, su mujer, junto a la tumba donde reposa su amado y mi maestro, me dice: "Era un hombre 10". ¡Qué marido he tenido! Gracias por venir. Y yo, que he tratado de mantenerme con cierta compostura, he roto a llorar como aquel niño de nueve años que fui cuando estuve bajo su batuta pensando que, algo de él habrá quedado en mí tras tenerlo como profe.

¡Hasta luego, maestro!